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Textos recomendados

Algunas sugerencias enviadas por aliadas y compañeras de ruta y lucha…

Textos recomendados desde Chile:

La revuelta de octubre, en torno a abusos, excesos y derrumbes

Donde los miedos se transforman en rabia

Los seis meses que transformaron Chile

Chile, 2019. Foto: Getty agencia BBC.

Textos recomendados desde Colombia:

Centro Nacional de Memoria sale de la red internacional de Sitios de Consciencia

No a la censura en el Centro Nacional de Memoria Histórica

En el bombardeo de Caquetá murieron ocho menores, no siete, revela la fiscalía.

Textos recomendados desde México:

PRONUNCIAMIENTO de Restauradoras con Glitter ante las pintas de la manifestación y marcha feminista del pasado 16 de agosto

La herida que sí ves

Texto publicado por María Teresa Priega-Roca frente a la criminalización de las protestas en agosto, vía facebook: 

Las cámaras siguen con meticulosidad las roturas en la estación del Metrobús.

“Las feministas, vandalizan…”

Son destrozos. Sí.

Imaginemos que es una mujer. Que es de noche. Que es su cuerpo.

Así sucede.

Los feminicidas vandalizan los cuerpos femeninos.

Los destruyen. Los escrituran.

Un pezón arrancado a dentelladas.

La escritura de la más feroz de las violencias.

Y caminan las calles de las ciudades ensangrentadas.

Los feminicidas. Los violadores.

Como si nada.

“Objeto punzo-cortante. Treinta y cinco puñaladas. Introducción objetos. Cortes transversales. Irreconocible por quemaduras”.

“Están rompiendo los vidrios con un extinguidor”, nos informa el reportero esta noche.

Nota roja pan nuestro de cada día: “Violación tumultuaria”.

“Vandalizan los muros”, nos informa el reportero esta noche.

Nota roja pan nuestro de cada día: “Cuerpo femenino. 20 años. Fragmentado”.

“Fragmentado”, quiere decir, que después de violación, tortura, feminicidio, cortaron el cuerpo en pedazos.

Ajá, con una sierra, por ejemplo.

O, con cuchillo, ¿verdad? Sí, es laborioso.

Y, luego, hay que ir al supermercado, ¿verdad? por las bolsas negras de basura. ¿Verdad? De esas de plástico.

Es difícil que las madres encuentren el cuerpo de sus hijas.

Los familiares buscan.

Cuerpos desmembrados.

Daniela en ese taxi que desviaba la ruta.

Sola. Desamparada. La chamaca más infinitamente sola del mundo.

Somos esa sociedad, que no supo y no pudo proteger a Daniela.

“¡Ayúdame!”

“Ya no se ve nada”.

Una niña, una adolescente, una mujer.

Una niña una adolescente una mujer.

Una niña una adolescente una mujer.

Así, nueve veces, cada día.

Su rostro, sus palabras, su vida.

Su pánico. El horror.

Su a- se- si -nato.

Lento y terrible, sí.

Son demasiados.

A los medios no les daría el tiempo de cubrirlos.

No. Es un matadero de mujeres, no bastan los reporteros. Ni las cámaras.

No bastan.

Y no se trata de deprimir a la audiencia.

La asesinaron en su casa.

A dos cuadras de su casa.

Tenía 11 años: en el pesero.

Tenía 70 años: en su hogar.

Por allí comenzamos.

Por los cuerpos femeninos vandalizados.

Destruidos lentamente.

Por los cuerpos fragmentados arrojados en bolsas al río de los Remedios.

En un tanque de agua en la azotea: el cuerpo de una mujer.

En cualquier lote baldío: un cuerpo, dos cuerpos, tres cuerpos. “Femenino masacrado”.

Allí, en esos huesos para el forense. Hubo una vida. Un nombre. Una manera de andar por el mundo.

“La violencia no se combate con más violencia”.

Es verdad. Es verdad.

Suena justo. Hasta bonito.

La legalidad, caray, qué más quisiéramos.

¿Cómo les digo? Es un asunto de proporciones.

La barbarie. Tomó las calles.

Tenemos miedo. Casi todas. Y, ellas, más. Son tan jóvenes. Son valientes. Son sororas. Y nos dicen:

“Nos están matando”.

Hoy, se escrituraron los muros alrededor de una glorieta en la Ciudad de México…

Estamos obligados a escuchar.

No ha sucedido. No hemos podido. Escuchar.

Daniela: “Ya no se ve nada”.

Y, esta tarde- noche.

Una joven viva. Viva. Viva.

Abre los brazos hacia las nubes.

Como en la foto.

Por ellas.

Esa es la “secuencia”.

Esa, y no otra.

Y, se los ruego.

A los enemigos de la Cuarta T.

No irrumpan acá.

Por favor, no.

Los feminicidios, por primera vez, tienen la posibilidad de ser escuchados.

No comenzaron hace ocho meses.

Ojalá, que los feminismos…

tan distintos entre sí…

ojalá, y que todas las generaciones de los feminismos…

podamos abrirnos a un diálogo.

Nos necesitamos.

Vamos juntas.

A pesar de nuestras diferencias: ante la violencia misógina,

vamos juntas.

Nos tenemos que cuidar.

Tomemos las plazas. ¡Claro que sí!

Tomemos también, las mesas de diálogo.

Tenemos tanto que aprender las unas de las otras.

Ni una Menos.

Si Tocan a Una Respondemos Todas.

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Ampliando el contexto de las luchas en suspenso

Bolivia, noviembre 2019. Fuente: CNN en español

Este texto de Mayumi Yasunaga Kumano, amplía la información respecto de las condiciones que explican la ola de protestas en la región más desigual del planeta, que se vieron paralizadas por el COVID-19. Según ella:

“Este deterioro de las condiciones de vida y de la economía es uno de los motivos del descontento del ciudadano con el sistema político y sus representantes. Si acudimos a los datos aportados por el último informe de Latinobarómetro del año 2018, la situación política en América Latina se ha deteriorado de forma considerable. El número de ciudadanos que apoya la democracia como sistema político ha caído en varios países. Desde el año 2013 en Paraguay el apoyo a la democracia cayó 10 puntos. En Ecuador, 11 puntos y en Argentina y Brasil 15 puntos. Un dato importante relacionado con el apoyo a la democracia es que este se da en mayor proporción entre la clase media. La reducción de esta clase social puede ser perjudicial para los sistemas democráticos, sobre todo teniendo en cuenta la satisfacción general de la ciudadanía con la democracia en sus países. En Brasil, solo el 9 % de la población se siente muy satisfecha o satisfecha con la democracia, otros países como Perú, El Salvador, Venezuela, México o Guatemala oscilan entre el 11 % y el 20 %. 

Otro dato revelador de la desigualdad social trasladada a nivel político en América Latina se encuentra en la pregunta de si se gobierna para unos pocos o en interés del pueblo. En Brasil, México, Paraguay, Venezuela, El Salvador, Perú o República Dominicana, la proporción de ciudadanos que responde «en beneficio de grupos poderosos» oscila entre el 90 y el 83 %. En cuanto a la opinión sobre la justicia con la que se reparte la riqueza en sus países, las respuestas son igual de negativas. En Brasil y Venezuela, solo el 8 % cree que se reparte la riqueza de manera muy justa o justa; en Argentina un 9 %, El Salvador, un 10 %, México y Perú un 12 % y Colombia, un 14 %. 

Conectado con ello se da un elemento potenciador de la desigualdad en la región: la corrupción, fruto de la debilidad institucional en América Latina. La apropiación de fondos públicos por los representantes políticos en todos los niveles de la administración, desde el estatal hasta el local, implica no solo el crecimiento desproporcionado de la renta de una serie de individuos, sino también la infrafinanciación de los servicios sociales dirigidos a los más desfavorecidos, aumentando así la desigualdad. Según Oxfam, en 2014 el 10 % de la población de América Latina poseía el 71 % de su riqueza, lo que ofrece una imagen clara de lo enquistada que está la desigualdad en la región.”

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Una pausa forzada mientras retomamos las calles

Mientras seguimos a la distancia noticias sobre el COVID-19 en Perú y el mundo, nos preguntamos cómo continuarán las protestas con las que empezó el 2020…

El año 2019 fue un momento de respuestas sociales explosivas, llamado “La Primavera Latinoamericana” por algunos medios de comunicación. Chile, Ecuador, Colombia, México, Bolivia, Venezuela, Haití, Nicaragua, Argentina y en menor medida Perú, vieron sus calles rebalsadas de gente reunida alrededor de distintas causas: rechazo al modelo neoliberal, conflictos socio ambientales, el rechazo al feminicidio y la necesidad de legalizar el aborto, vacíos de poder y crisis de gobernabilidad generalizadas. 

Este fenómeno se caracterizó por el fuerte contraste entre el creciente uso del color, el sentido del humor, la música y demás expresiones culturales que celebran la variedad identitaria; y el aumento de la violencia policial ante la venia de los gobiernos regionales, que vienen criminalizando progresivamente el derecho ciudadano a la protesta.

La imposición de la cuarentena llegó a estos países como un baldazo de agua fría ante la fuerza que los movimientos sociales adquirían con el pasar de los meses, justo después de la marcha del 8 de marzo del 2020, que implicó una amplia movilización en varios países. Mientras muchos empiezan a salir de sus casas para solidarizarse con las reacciones al asesinato de George Floydd en Estados Unidos, los contextos en donde aún tales manifestaciones no son posibles, se enfrentan al desafío de pensar cómo continuar la lucha durante y “después” de la pandemia. 

Acá un recuento de lo que fue el 2019 en las calles de Abya Yala:

¿Qué está pasando en América Latina?

2019: Movilizaciones ciudadanas y cambios disruptivos en América Latina

Una ola de protestas histórica en Latinoamérica: ¿Qué está pasando y por qué ahora?

La represión de las protestas en América Latina dejó 210 muertos en 2019

Protestas latinoamericanas de 2019-2020