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América Latina protestas

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Chile, 2019. Foto: Getty agencia BBC.

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La herida que sí ves

Texto publicado por María Teresa Priega-Roca frente a la criminalización de las protestas en agosto, vía facebook: 

Las cámaras siguen con meticulosidad las roturas en la estación del Metrobús.

“Las feministas, vandalizan…”

Son destrozos. Sí.

Imaginemos que es una mujer. Que es de noche. Que es su cuerpo.

Así sucede.

Los feminicidas vandalizan los cuerpos femeninos.

Los destruyen. Los escrituran.

Un pezón arrancado a dentelladas.

La escritura de la más feroz de las violencias.

Y caminan las calles de las ciudades ensangrentadas.

Los feminicidas. Los violadores.

Como si nada.

“Objeto punzo-cortante. Treinta y cinco puñaladas. Introducción objetos. Cortes transversales. Irreconocible por quemaduras”.

“Están rompiendo los vidrios con un extinguidor”, nos informa el reportero esta noche.

Nota roja pan nuestro de cada día: “Violación tumultuaria”.

“Vandalizan los muros”, nos informa el reportero esta noche.

Nota roja pan nuestro de cada día: “Cuerpo femenino. 20 años. Fragmentado”.

“Fragmentado”, quiere decir, que después de violación, tortura, feminicidio, cortaron el cuerpo en pedazos.

Ajá, con una sierra, por ejemplo.

O, con cuchillo, ¿verdad? Sí, es laborioso.

Y, luego, hay que ir al supermercado, ¿verdad? por las bolsas negras de basura. ¿Verdad? De esas de plástico.

Es difícil que las madres encuentren el cuerpo de sus hijas.

Los familiares buscan.

Cuerpos desmembrados.

Daniela en ese taxi que desviaba la ruta.

Sola. Desamparada. La chamaca más infinitamente sola del mundo.

Somos esa sociedad, que no supo y no pudo proteger a Daniela.

“¡Ayúdame!”

“Ya no se ve nada”.

Una niña, una adolescente, una mujer.

Una niña una adolescente una mujer.

Una niña una adolescente una mujer.

Así, nueve veces, cada día.

Su rostro, sus palabras, su vida.

Su pánico. El horror.

Su a- se- si -nato.

Lento y terrible, sí.

Son demasiados.

A los medios no les daría el tiempo de cubrirlos.

No. Es un matadero de mujeres, no bastan los reporteros. Ni las cámaras.

No bastan.

Y no se trata de deprimir a la audiencia.

La asesinaron en su casa.

A dos cuadras de su casa.

Tenía 11 años: en el pesero.

Tenía 70 años: en su hogar.

Por allí comenzamos.

Por los cuerpos femeninos vandalizados.

Destruidos lentamente.

Por los cuerpos fragmentados arrojados en bolsas al río de los Remedios.

En un tanque de agua en la azotea: el cuerpo de una mujer.

En cualquier lote baldío: un cuerpo, dos cuerpos, tres cuerpos. “Femenino masacrado”.

Allí, en esos huesos para el forense. Hubo una vida. Un nombre. Una manera de andar por el mundo.

“La violencia no se combate con más violencia”.

Es verdad. Es verdad.

Suena justo. Hasta bonito.

La legalidad, caray, qué más quisiéramos.

¿Cómo les digo? Es un asunto de proporciones.

La barbarie. Tomó las calles.

Tenemos miedo. Casi todas. Y, ellas, más. Son tan jóvenes. Son valientes. Son sororas. Y nos dicen:

“Nos están matando”.

Hoy, se escrituraron los muros alrededor de una glorieta en la Ciudad de México…

Estamos obligados a escuchar.

No ha sucedido. No hemos podido. Escuchar.

Daniela: “Ya no se ve nada”.

Y, esta tarde- noche.

Una joven viva. Viva. Viva.

Abre los brazos hacia las nubes.

Como en la foto.

Por ellas.

Esa es la “secuencia”.

Esa, y no otra.

Y, se los ruego.

A los enemigos de la Cuarta T.

No irrumpan acá.

Por favor, no.

Los feminicidios, por primera vez, tienen la posibilidad de ser escuchados.

No comenzaron hace ocho meses.

Ojalá, que los feminismos…

tan distintos entre sí…

ojalá, y que todas las generaciones de los feminismos…

podamos abrirnos a un diálogo.

Nos necesitamos.

Vamos juntas.

A pesar de nuestras diferencias: ante la violencia misógina,

vamos juntas.

Nos tenemos que cuidar.

Tomemos las plazas. ¡Claro que sí!

Tomemos también, las mesas de diálogo.

Tenemos tanto que aprender las unas de las otras.

Ni una Menos.

Si Tocan a Una Respondemos Todas.