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América Latina protestas

Ampliando el contexto de las luchas en suspenso

Bolivia, noviembre 2019. Fuente: CNN en español

Este texto de Mayumi Yasunaga Kumano, amplía la información respecto de las condiciones que explican la ola de protestas en la región más desigual del planeta, que se vieron paralizadas por el COVID-19. Según ella:

“Este deterioro de las condiciones de vida y de la economía es uno de los motivos del descontento del ciudadano con el sistema político y sus representantes. Si acudimos a los datos aportados por el último informe de Latinobarómetro del año 2018, la situación política en América Latina se ha deteriorado de forma considerable. El número de ciudadanos que apoya la democracia como sistema político ha caído en varios países. Desde el año 2013 en Paraguay el apoyo a la democracia cayó 10 puntos. En Ecuador, 11 puntos y en Argentina y Brasil 15 puntos. Un dato importante relacionado con el apoyo a la democracia es que este se da en mayor proporción entre la clase media. La reducción de esta clase social puede ser perjudicial para los sistemas democráticos, sobre todo teniendo en cuenta la satisfacción general de la ciudadanía con la democracia en sus países. En Brasil, solo el 9 % de la población se siente muy satisfecha o satisfecha con la democracia, otros países como Perú, El Salvador, Venezuela, México o Guatemala oscilan entre el 11 % y el 20 %. 

Otro dato revelador de la desigualdad social trasladada a nivel político en América Latina se encuentra en la pregunta de si se gobierna para unos pocos o en interés del pueblo. En Brasil, México, Paraguay, Venezuela, El Salvador, Perú o República Dominicana, la proporción de ciudadanos que responde «en beneficio de grupos poderosos» oscila entre el 90 y el 83 %. En cuanto a la opinión sobre la justicia con la que se reparte la riqueza en sus países, las respuestas son igual de negativas. En Brasil y Venezuela, solo el 8 % cree que se reparte la riqueza de manera muy justa o justa; en Argentina un 9 %, El Salvador, un 10 %, México y Perú un 12 % y Colombia, un 14 %. 

Conectado con ello se da un elemento potenciador de la desigualdad en la región: la corrupción, fruto de la debilidad institucional en América Latina. La apropiación de fondos públicos por los representantes políticos en todos los niveles de la administración, desde el estatal hasta el local, implica no solo el crecimiento desproporcionado de la renta de una serie de individuos, sino también la infrafinanciación de los servicios sociales dirigidos a los más desfavorecidos, aumentando así la desigualdad. Según Oxfam, en 2014 el 10 % de la población de América Latina poseía el 71 % de su riqueza, lo que ofrece una imagen clara de lo enquistada que está la desigualdad en la región.”